El dolor

 A veces hay que escribir sobre el dolor, o hablarlo. 

A veces puedes hablarlo con alguien, a veces tienes que hablarte a ti mismo, a veces con quién lo produce, a veces con quien lo recibe. 

El dolor solo puede sanarse a través del diálogo, pero desde un diálogo sincero. Si utilizamos un diálogo que parece más el defensa de un equipo de fútbol que un "verdadero" diálogo, entonces el dolor tomará la decisión de seguir aumentando. 

El dolor, al igual que la verdad, no tiene una sola cara. Está el dolor de quién lo produce, está el dolor de quién lo recibe y está la acción en sí.  

El dolor de quién lo produce es mezquino y cruel. Se genera la acción desde la superficialidad, desde la inconsciencia y sin medir las consecuencias, sin valorar los resultados, y curiosamente sólo hasta que la persona dañina sea capaz de ver la magnitud de ese dolor, esto no generará en ella sentimientos de comprensión y arrepentimiento, que darán lugar posteriormente capacidad al actor de los hechos para poder aceptar sus errores y sanar, tanto al receptor como así mismo. Sin esa comprensión del error, sin su aceptación, sin el arrepentimiento sincero y si no somos capaces de empatizar con el dolor recibido por la otra persona, nunca existirá un cambio real en el actor que demuestre haber comprendido la lección aprendida por la situación provocada inicialmente. 

El dolor de quién lo recibe, es el que hay que atreverse a descubrir, y a veces se nos expresa en oleadas incontroladas de rabia y desprecio, es un dolor que explota como un cartucho de dinamita, como una bola de demolición que ataca un edificio. A veces, es un dolor reticente y casi imperceptible que asfixia poco a poco el interior del perceptor, hay dolores sutiles, emocionales, psicológicos, hay dolores que como el veneno surte efecto un tiempo después de haber tomado el brebaje. 

Nunca tu dolor será igual a mi dolor, porque el dolor también depende de la capacidad que posean las personas para sufrirlo y gestionarlo. Hay quiénes son más resistentes y hay quiénes son más vulnerables. 

Y por último, tenemos el dolor en sí, la acción o acto que lo provoca. El dolor y su provocación, reside en la mente de todos, pues todos por genética natural poseemos la condición de producirlo generando así su correspondiente recepción por otro. ¿Debería por tanto existir el dolor?  El dolor nos hace fuertes, pero a veces es innecesario. ¿Debería ser un sentimiento en extinción? El mundo sería un mundo mejor.  

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